lunes, 24 de julio de 2017

mal gusto visual

«Una atmósfera de “buen gusto hipócrita y afectado” ahogó los valores gráficos de las historietas: la eliminación de argumentos problemáticos, perturbadores, trajo implícito el menoscabo de las formas con que habían sido expresados. Un tema esencial que suelen descuidar críticos y hasta historietistas. El mal gusto visual puede llegar a ser un acto político, mientras que lo que se entiende generalmente por buen gusto representa, en muchos casos, sumisión y autocensura».

—Elisa McCausland, Wonder Woman. El feminismo como superpoder (2017, Errata Naturae, p. 91). La cita se refiere a los tebeos norteamericanos tras la implantación del código de autocensura Comics Code en 1954; la definición de la sensibilidad imperante a partir de dicho código (el entrecomillado «buen gusto hipócrita y afectado») es una cita del libro de Joseph Witek Comic Books as History (1989).

viernes, 21 de julio de 2017

los vencidos y los muertos

En el setenta aniversario del fin del mayor conflicto bélico de la historia, el japonés Nozoe Nobuhisa (1949) publicaba un manga basado en los recuerdos de seis supervivientes. Teniendo en cuenta que el autor no vivió la guerra, su objetivo principal, aclara en el prólogo, era dejar constancia del testimonio de aquellos que sí la vivieron (la sufrieron):

“Ya no tenía ni a mis padres ni a mi suegro –explica Nobuhisa–, y a mi alrededor apenas quedaba nadie que hubiera vivido la guerra en primera persona y pudiera hablarme sobre ella. Ya no era posible que aquellos que la habían vivido pudieran contarme historias sobre la trágica derrota.
Pero entonces pensé: si yo hubiera vivido en la época de la guerra del Pacífico, ¿a qué trágicas vivencias habría sobrevivido? Tenía que crear una historia para que nosotros, los japoneses, no olvidásemos nunca aquella tragedia. Así fue como creé mi propia historia sobre la guerra basada en hechos que escuché e investigué. Y así es como decidí dibujar este libro”.


Si aplicamos la terminología de Marianne Hirsch, hablaríamos aquí de postmemoria: “un espacio para el recuerdo intersubjetivo y transgeneracional, vinculado específicamente al trauma cultural o colectivo”, definido “a través de una identificación con la víctima o con el testigo del trauma, modulada por la distancia insalvable que separa al participarte del que nació después”. Una postmemoria sobre un trauma colectivo, que Nobuhisa construye inspirándose en testimonios de diferentes supervivientes que investigó, alrededor de los que articula seis capítulos.

Lo más llamativo en libros (cómics, mangas) como este es, al menos para mí, poder acceder al punto de vista del vencido en la guerra, cuya perspectiva nunca es la dominante en la mayoría de relatos que consumimos sobre ella, no digamos ya en el caso de la II Guerra Mundial, sobre la que se ha escrito y realizado producciones (audio)visuales en cantidades industriales. La historia y mitología en torno a aquella contienda no cesa y, comprensiblemente, estas no cesan de interesarnos. A la hora de narrarla, el vencido tiende a callar, a menudo acogotado por el vencedor y por sus relatos, particularmente si el primero fue el que empezó la guerra.

La visión de la II Guerra Mundial que nos proporciona este cómic de
Nozoe Nobuhisa, de manera parecida a otros mangas de los años setenta y ochenta (de Shigeru Mizuki a Keiji Nakazawa pasando por el Adolf de Osamu Tekuka), es, de manera palmaria, la visión propia del derrotado. Solo el título del cómic deja claro que va a hablarnos de una TRÁGICA DERROTA (Haisen higeki). Asumido el desastre y la victoria del adversario, el relato deja a un lado las hazañas y se centra en episodios de infausto recuerdo por sus consecuencias: el trauma individual del que padece la guerra; el trauma colectivo y cultural de una nación derrotada.

A mí me han impresionado especialmente dos capítulos: por un lado, el de la mujer violada
por soldados soviéticos durante la retirada de Manchukuo (y luego por un compatriota japonés porque, total, como “el enemigo la ha violado repetidas veces, qué más le da una vez más”) que, en su senectud, recuerda “para nosotros” lo ocurrido entonces. La anciana aún conserva el cianuro potásico que le proporcionaron para poder “escapar” en caso de ser apresada, que en teoría no usó.

Por otro lado, el capítulo del soldado que sobrevivió “milagrosamente” en el frente del Pacífico cuando todos sus compañeros, incluido un hermano, murieron. Por ellos, por su memoria y dignidad, se resiste a morir, ya viejo, incluso cuando ha terminado en la ruina. Entre medias, un par de escenas escalofriantes donde se pone de manifiesto la utilidad de la táctica del gyokusai o ataque suicida, que iba mucho más allá de la estrategia militar frente a un enemigo superior: también servía para mantener previamente una disciplina tan férrea como injusta. “Cada noche [los oficiales] nos castigaban de forma injustificada. Si pensabas que de todos modos morirías en esta guerra, apenas sentías dolor o rabia. Y si además pensabas que los militares que ahora te estaban sancionando morirían también del mismo modo, dejabas de sentir rencor”.

El dibujo de Nobuhisa, un registro de caricatura realista, alterna tramas manuales con fondos dibujados con grafito que, a veces, combina con fotografías en busca de la verosimilitud. Entre capítulo y capítulo, citas a Goya y algunas reflexiones breves del autor en forma de aforismos (lo peor del libro, dada su ingenuidad u obviedad en bastantes casos). Terminemos aludiendo a esa promesa de amor incumplida en el primer capítulo, el de los torpedos kamikazes, o cómo la guerra —la máquina implacable de la Historia— separa arbitrariamente a las personas determinando el destino del individuo con escaso o nulo margen de elección, y por supuesto a todo lo que se halla implícito en una sola frase del libro acerca de la naturaleza de la guerra, del monopolio estatal de la violencia, de la sociedad y las leyes en tiempos de guerra frente a los tiempos de paz. Me refiero al momento del capítulo segundo en el que ese anciano, atormentado por ejecutar a un prisionero, comete delitos menores siete décadas después para intentar ir la cárcel. “Hace 70 años maté a un chino”, le “confiesa” el anciano al policía que le ha arrestado por hurto en una tienda. El policía le responde: “¿Hace 70 años? ¿Se refiere a la guerra? Matar a un soldado enemigo durante la guerra no se considera un delito”.

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Trágica derrota
(Haisen higeki)

Nozoe Nobuhisa
2015
Ediciones ECC, 2017
Traducción de Yosuko Tojo

domingo, 16 de julio de 2017

lecturas múltiples (según el espectador)

«Algunos críticos posmodernos consideran que los espectadores de una obra de arte la interpretan o leen desde perspectivas tan distintas que a partir de su experiencia visual se construyen de hecho obras diferentes que pueden llegar a parecerse poco o nada a la intención original del artista. Stanley Fish sostiene que los espectadores se convierten en artistas al recrear la obra en el acto mismo de entenderla».

«En el arte posmoderno, las diferencias entre interpretaciones se originan en un uso deliberado de la contradicción, la ironía, la metáfora y la ambigüedad, también llamada doble codificación».

—Arthur D. Efland, Kerry Freedman y Patricia Stuhr, La educación en el arte posmoderno (1996)

«El acto creativo toma otro aspecto cuando el espectador experimenta el fenómeno de transmutación; por el cambio de materia inerte a obra de arte, es una transubstanciación la que ha tomado lugar, y el rol del espectador será determinar el peso de la obra en la escala estética.
En suma, el acto creativo no es desempañado por el artista solamente; el espectador lleva la obra al contacto con el mundo exterior por medio del desciframiento y la interpretación de sus cualidades internas y así agrega su contribución al acto creativo».

—Marcel Duchamp, «El acto creativo» (1957)

(cursivas mías)

Para los que ven “apologías de” o “fetichización nociva” en obras artísticas de otros, creyendo además que su lectura personal de esas obras es LA lectura.

«se suele acusar de hacer apología»

"No lo sé, es curioso, y además la gente ahora está muy mojigata. Hay como una doble tendencia de apertura al «todo es posible» y por otro lado de censura rara. A lo mejor ahora se puede volver a aquello, puede tener cierto sentido de nuevo porque la gente está tonta. Durante un tiempo eso ya no era transgresor, pero ahora parece que vuelve a ser transgresor lo que hace veinte años ya no lo era. Yo estoy oyendo todo el rato que ahora se están intentando conseguir cosas que no teníamos y creo que es al revés, estamos diciendo que no se pueden hacer cosas que antes se hacían. El otro día, paseando por el centro, entré en una librería porque vi en el aparador una especie de fanzine erótico viejo pero bien editado, y el tío de la librería me dijo: «Esto antes se hacía, pero ahora no se puede hacer». Hay demasiadas cosas que antes se podían hacer y ahora no. Todos necesitamos que se relaje la gente y que todo el mundo pueda hacer lo que quiera. En los ochenta, cuando se publicaban estas cosas, no había ningún problema y ahora hay mojigatería por todos lados disfrazada de progresismo.
 
También parece que un solo comentario de alguien aislado puede hacer muchísimo ruido.

En internet dicen: «La gente dice».

«Lo ha dicho uno».

Hostia, que un capullo ha venido y me ha dicho una chorrada, como toda la vida. Es que, a ver: ¿por qué damos voz a quien no debemos?

Se suele acusar de hacer apología.

¿Qué es apología? ¿Que trates un tema es apología? ¿Una película de guerra es apología de la guerra? Hombre, dependerá de la peli, porque puede ser crítica. Pero hay gente que se las tomará todas como una apología porque, claro, salen guerras. O sale maltrato y estás haciendo que haya maltrato. [...] No debería existir la censura de una obra artística, es ficción. ¿La gente no sabe reconocer qué es ficción y qué no? Pues deberíamos empezar por aprender las diferencias.
[...] Y hay gente que se autocensura, que eso también es otro tema. La autocensura es peor, es horrible y ahora hay mucha autocensura porque no quieres que la gente te linche en Twitter. «No voy a decir esto, no voy a decir lo otro, voy a decir solo lo que se lleva esta semana, quedar bien con el tema que toque». Así no vamos bien, es peligroso esto y un poco distópico".


Maria Llovet, entrevistada por Diego Cuevas y Iván Galiano en Jot Down

jueves, 13 de julio de 2017

cómic (aún) infantil(oide)

Al hilo de las movidas censoras en el cómic USA contra determinadas imágenes y artistas gráficos, con participación de determinados autores y editores, tengo que decir con tristeza que veo ahí una razón de fondo: que el cómic no consigue desprenderse de su pasado infantil como instrumento pedagógico de educación en valores, role models, etc. Si el cómic ya es –o eso se supone– un arte más, no puede estar siempre al servicio de la pedagogía moral como lo estaba el cómic infantil (el Comics Code y otros códigos de autocensura / censura editorial europeos se crearon en los años 50 y 60 para garantizar que los tebeos, a la sazón un producto mayoritariamente infantil, educara en unos valores determinados a sus lectores, niños y adolescentes). El cómic infantil puede ser eso, por supuesto, puede ser una herramienta de pedagogía, pero se supone que hoy día se hacen muchos otros tipos de cómics, ¿no? Cómics para adultos. Se supone. 

Tengo noticias: en el arte contemporáneo para adultos (cine, literatura, artes visuales, etc.) las cosas no se “explican” para educar al público, al que ya se supone educado en cuanto adulto. Y eso incluye crear imágenes y escenas provocadoras, chocantes o desagradables.

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Update

Ejemplo actual para comparar. En estos días ha circulado una denuncia de una asociación protectora de animales acusando al artista Santiago Ydáñez de hacer supuesta “apología de la zoofilia” y cometer “maltrato animal” por un par de cuadros que tiene expuestos ahora mismo en el CAC Málaga, exigiendo su retirada del centro de arte. Dos pinturas, hay que aclarar de manera redundante para recordar que un cuadro está pintado, con lo cual el “daño” lo habrá “sufrido” en todo el caso el lienzo, el pincel y los acrílicos con los que fue pintado.

Al grano. A continuación, en respuesta a la “denuncia” y petición de censura de los cuadros de Santiago Ydáñez en el CAC, 

1) los artistas visuales se han posicionado a favor de Ydáñez y en contra de retirar los cuadros en defensa de la libertad de expresión, incluyendo a asociaciones como la UAVA (Unión de Artistas Visuales de Andalucía)
2) el centro de exposición se ha posicionado en favor del artista y en contra de retirarlos en defensa de la libertad de expresión; 
3) el alcalde de cuyo Ayuntamiento depende el centro de exposición se ha posicionado en favor del artista y en contra de retirarlos en defensa de la libertad de expresión.

Cualquier parecido con los casos recientes del cómic, me los señalan si quieren en comentarios.

lunes, 3 de julio de 2017

cómics en Rockdelux julio-agosto 2017

Nuevo número de Rockdelux en kioscos, el de julio-agosto de 2017, bajo portada dedicada a Arca. Su sección de cómic trae los siguientes contenidos este mes:

1) Reseñas de:
Dibujos secuenciales, de Richard McGuire (Salamandra Graphic), por Raúl Minchinela;
El día más largo del futuro, de Lucas Varela (La Cúpula), por Daniel Ausente;
Carlitos Fax, de Albert Monteys (Astiberri), por Laura Fernández;
Poncho Fue, de Sole Otero (La Cúpula), por Isabel Cortés;
Ortega y Pacheco Deluxe Volumen 1, de Pedro Vera (¡Caramba!), por Raúl Minchinela;
Heavy. Los chicos están mal, de Miguel B. Núñez (Sapristi), por Alex Serrano;
La gran aventura humana, de Miguel Brieva (Reservoir Books), por Mireia Pérez;
¿Cuánta tierra necesita un hombre?, de Martin Veyron (Norma), por Daniel Ausente.
 
2) «Apabullante» artículo de Daniel Ausente sobre el centenario del nacimiento de El Rey, o sea, Jack Kirby, a propósito de dos ediciones recientes de su material: King-Size Kirby (Panini) y El Cuarto Mundo (ECC).
  
3) Espléndido reportaje-entrevista de Gerardo Vilches sobre Catherine Meurisse con ocasión de su visita a España (Gerardo también reseña La levedad, el libro de Meurisse que ha editado Impedimenta en nuestro país recientemente), que incluye foto exclusiva de Óscar García.
(diseño de la revista de Gemma Alberich)

Y eso eso todo de momento. Rockdelux, ya en kioscos. Buen verano a todos.

iconoclastia

Tras un incidente en un debate previo durante el cual me han borrado mi comentario, voy a decir lo mismo aquí, para evitar que me lo borren de nuevo. Esta portada, de Howard Chaykin, retirada al parecer (me estoy enterando sobre la marcha) por las protestas del público, tiene detrás una tradición previa de imágenes. Una tradición de denuncia de la violencia contra minorías étnicas. Me refiero a la decisión deliberada de tomar y difundir imágenes del cadáver de la víctima para que la sociedad tome conciencia de lo que supone esa violencia. El caso más notorio quizá, por ser de los primeros, fue el de Emmett Till, un joven afroamericano de 14 años que fue linchado en Mississippi en 1955. Su madre pidió expresamente dejar el ataúd abierto en el funeral para que todos pudieran ver cómo había quedado su hijo (completamente desfigurado). Los periodistas tomaron la foto del cadáver mutilado y algunos medios gráficos se atrevieron a difundirla, captando la atención nacional e internacional sobre el grado de racismo y la falta de derechos de los afroamericanos en EE UU. Como la de Till es una imagen fotográfica de violencia real, no un dibujo ni una ficción como la portada de Chaykin, no la cuelgo aquí pero está por todo internet. Igual que la portada de Chaykin

Hasta aquí el resumen de mi comentario borrado. Añado algo más ahora. Me ha llamado la atención la furia iconoclasta que se ha desatado contra esta portada: la intención es “destruirla” puesto que “no debería haber existido nunca”, y eso en la era de internet supone no volverla a colgar para que nadie, en teoría, pueda verla. Mis conclusiones son dos. 1) La destrucción de imágenes o iconoclastia suele ser, en la historia del arte, signo de que alguien ha tomado el poder y procede a (o al menos intenta) destruir las imágenes creadas por el poder previo. Lo hicieron los revolucionarios franceses contra los símbolos del Antiguo Régimen, lo intentaron los artistas de las vanguardias históricas (como los futuristas) contra la tradición de la historia del arte, lo hicieron los soldados estadounidenses que tomaron (invadieron) Irak al derribar la estatua de Saddam Husseim en Bagdad, etc. Que cada cual saque sus propias conclusiones. 2) Para ser más listo que Chaykin no solo hacen falta más años sino también más lecturas. De la historia y de las imágenes que se representan. La portada es horrible, sí. De eso se trata.


miércoles, 31 de mayo de 2017

cómics en Rockdelux junio 2017

Nuevo Rockdelux ya en kioscos. Bajo esa portada con el nuevo flamenco de Rocío Márquez (flamencodelux) hay mucho contenido, pero lo que aquí nos atañe es la sección de cómic. Este mes trae el siguiente «material»:

—Artículo de Alberto García Marcos sobre la edición integral de Alack Sinner, de Muñoz y Sampayo (Salamandra Graphic), un cómic clave en la emergencia del cómic adulto latino-europeo en los setenta;
—Artículo de Daniel Ausente sobre el Baco de Eddie Campbell (Astiberri), ahora que ha terminado de editarse en España en cinco volúmenes, o la versión «campbelliana» de los superhéroes vía mitos antiguos + Robert Graves + Marvel 1960s + humor socarrón.

Reseñas de: 
* De tripas y corazón, del francés Pozla (edita Dibbuks), por Daniel Ausente;
* La Familia Carter. Recuerda esta canción, un cómic de Frank M. Young y David Lasky (Impedimenta) inspirado por Frank King (es decir, por Chris Ware también) y R. Crumb, reseña JuanP Holguera;
* Kobane Calling, del italiano Zerocalcare (Reservoir Books), un superventas en Italia reseñado por Daniel Ausente; 
* La balada de Jolene Blackcountry, de Victor Puchalski (Autsaider), o el «indie» español hoy (el de Puchalski, para más señas) según Alex Serrano;
* Oscuridades programadas, una contundente crónica de viajes por países en conflicto a cargo de Sarah Glidden (Salamandra Graphic), que el reseñista, Xavi Serra, compara en parte con el citado Kobane Calling;
* Fragmentos seleccionados, la experimentación narrativa casi «sin red» de Andrés Magán (Apa-Apa) reseñada por Isabel Cortés;
* Cortázar, biografía del escritor argentino realizada por Jesús Marchamalo y Marc Torices (edita Nórdica) que reseña Mireia Pérez.

Para cerrar estas dos páginas de cómic, una entrevista a Tom Gauld (Un policía en la Luna, entre otros títulos) realizada por el reportero dicharachero Gerardo Vilches, «nuestro hombre en Madrid». 

Pues eso es todo. De momento, claro. Hasta el mes que viene, «rockeros». O flamencos. Y pelícanos.
Foto de Alex Serrano 
Portada Rockdelux: foto de Rocío Márquez de Alfredo Arias
Diseño de Gemma Alberich

domingo, 28 de mayo de 2017

el lenguaje

«Tenemos el arte para no morir de la verdad». Es la cita de Nietzsche –que Camus recogió en El mito de Sísifo– con la que se abre La levedad, de Catherine Meurisse. Publicado en Francia el año pasado y traducido en España hace unos meses por Impedimenta, el libro es bien conocido en los medios, al menos para quien haya prestado algo de atención, puesto que está escrito y dibujado por una «superviviente» del atentado contra Charlie Hebdo de enero de 2015. Catherine Meurisse debía estar en esa reunión matutina en la redacción de la revista satírica francesa durante la cual su plana mayor fue asesinada, pero llegó tarde –según cuenta con humor autoparódico en las primeras páginas– debido a sus cuitas amorosas, que le hicieron quedarse en la cama más de la cuenta. «¿Por qué todo el mundo habla de “atentado”... si ha sido una matanza?», se pregunta la autora en dos viñetas del libro, bastantes páginas más adelante, mientras se dibuja a sí misma contemplando un atardecer en la playa. En la siguiente página, en la misma playa ya en sombras, un pterodáctilo levanta el vuelo en el horizonte. Un elemento chocante sin un significado aparente, abierto a la interpretación: el lenguaje poético. El arte.

El arte como terapia, por un lado. Meurisse produjo el grueso de este libro tras un diagnosticado shock postraumático, en el que la personalidad se «disocia» y todo pasa a verse «desde fuera». Es un mecanismo mental para evitar los efectos de la adrenalina y cortisona que el cerebro genera ante un suceso así; la disociación provoca «una anestesia emocional, sensorial, además de amnesia», explica el psiquiatra a Meurisse en otra página. «Cuando esté “re-asociada” lo contará todo en una novela gráfica», añade. 


Meurisse llegaba tarde a aquella reunión, pero «a tiempo» porque cuando aún no había concluido la matanza. «No subas a la redacción», le dijo su compañero de revista Luz desde la acera de enfrente. Refugiados en una oficina cercana, oyeron las ráfagas de fuego. Onomatopeya: Ra ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta ta

«–Tu padre no lo reconocerá, pero después de la llamada [de Catherine Meurisse a su madre] estuvo mucho tiempo sentado sin poder pronunciar ni una palabra.
—El terrorismo es el enemigo declarado del lenguaje» (pág. 50).

El arte como tecnología para manejar la realidad, por otro. El arte, la narración, el lenguaje simbólico en general, como necesidad humana e instrumento para explicar el mundo, la vida, a nosotros mismos. Sin lenguaje nos situamos más allá de la realidad, en «lo Real» en bruto: algo que no podemos manejar, entender o asimilar (lo inefable). Necesitamos mitos, relatos, imágenes, palabras, dibujos para poder «hacer nuestro» el mundo, tanto más cuanto más difícil resulta entender lo que ha ocurrido en él. Por volver a Nietzsche, el arte como mentira para re-velar la verdad sin perecer al contemplarla.

Meurisse, que cuenta con una larga trayectoria
en Francia como ilustradora y dibujante de cómics, demuestra un contundente dominio del lenguaje que le es propio en las gloriosas 60-70 primeras páginas de este libro. Pertenece a la tradición de Sempé, Claire Bretécher, Quentin Blake y, como ellos, dibuja maravillosamente. También tiene el filo propio del lápiz al que se ha sacado punta en la redacción de Charlie Hebdo, revista en la que Meurisse había empezado a colaborar diez años antes del atentado, con solo 25 años; en ella desarrolló su tira Scènes de la vie hormonale, en la que abordaba con humor sus relaciones sentimentales, a menudo con hombres casados, como la que cuenta al comienzo de este libro. Meurisse tiene mucha versatilidad para cambiar el tono y saltar del (gran) homenaje a sus compañeros asesinados a la autoparodia bien armada y la risa sobre «aquello de lo que no podemos reír». Pero ella sabe bien, como sus compañeros muertos, que sí podemos reírnos de todo. De nuevo, gracias al lenguaje.

Meurisse sabe también usar el diseño más allá de la retícula clásica de viñetas, porque dispone de un libro de muchas páginas para, por ejemplo, jugar con la introducción del color tras una larga secuencia en negro y grises, con el blanco de la página o con los dibujos a toda ídem. Hay un bajón de inspiración, para mi gusto, en la última parte del libro, cuando relata su «fuga» a Roma para sumergirse en el Gran Arte como consuelo durante su duelo (y de paso para escapar de la prensa y los escoltas que le puso el gobierno francés tras el atentado). Aquí caemos en el territorio de algunos tópicos: la «belleza», el síndrome de Stendhal, etc. Prefiero mil veces una página sin palabras del comienzo (pág. 9), en la que el horizonte de la playa se convierte en una suerte de Rothko –un artista que quiso hacer de sus cuadros una experiencia mística–, que toda la cháchara sobre la posible conmoción de Stendhal ante las obras expuestas en los museos de Roma (pág. 118). Al final del todo, en los créditos, encuentro una posible explicación: las primeras 71 páginas las hizo del tirón, durante el verano de 2015. El resto, más «recalentadas» en mi opinión, toda esa parte sobre Roma y una visita al Louvre para cerrar el libro, las dibujó en enero-febrero de 2016. Pero su abrazo del arte tiene sentido, todo el sentido del mundo, si hacemos caso de nuevo a la cita de Nietzsche que eligió para abrir este libro.

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La levedad
Catherine Meurisse
Traducción de Lluís Maria Todó de
La légèreté (Dargaud, 2016) 
Impedimenta, 2017
135 páginas

 
Catherine Meurisse tiene otro libro traducido por Impedimenta en 2016, La comedia literaria

domingo, 21 de mayo de 2017

soy montaña

La tradición manga-anime de sucesión de luchas de poder y consecución de retos (Dragon Ball, etc.) se convierte en La balada de Jolene Blackcountry en un ascenso místico que al final tiene más que ver con Jodorowsky que con la acción japonesa. El encargo heroico del macho-héroe que ya no está en condiciones de “actuar” (“mi acto heroico acabó hace tiempo”, dice S.A.T.A.N. en las primeras páginas) suponer pasar el testigo a la mujer-heroína, y la “lucha personal” de esta se va a prestar a lecturas de género interesantes y —esto es importante para que sean interesantes— abiertas a la interpretación. La estética manga-anime, por supuesto, le da al cómic su punto exótico que funciona como recurso formal metalingüístico. No es un “manga de verdad” aunque lo parezca, etc. Es la lectura personal de alguien que ha mamado ese material desde chico (Tezuka, Otomo, Junji Ito, Hideshi Hino, Tetsuo Hara, Goseki Kojima, todo ello mezclado con Charles Burns o Frank Miller; nos lo contó el propio autor en una mesa redonda sobre manga que tuve el gusto de moderar en el pasado GRAF de Barcelona) y ahora nos lo devuelve convenientemente deglutido y asimilado.

(Carlos Vermut ya lo hizo a su manera en Cosmic Dragon; Caramba, 2012).

De La balada de Jolene Blackcountry me encantan entre otras cosas esas "piedras místicas" tan brutas y, en general, el planteamiento visual a doble página y la espectacular tinta fotoluminiscente. Con esta última, por un lado, se representa el mundo invisible / trascendente o aquello que está “velado” en la historia y, por otro, se convierte el tebeo en un OBJETO raro y valioso, que huele (mucho) y se presta a “tocamientos” varios porque ese bitono fosforescente tiene un volumen considerable. Aconsejo por ello hacerse cuanto antes con este tebeo antes de que se agote (edita Autsaider). 

El objeto en sí por cierto, formato “seudo-álbum”, en tamaño y número de páginas, certifica definitivamente las nuevas rutas que están tomando los jóvenes autores en lo que podría llamarse post-novela gráfica (seguro que Santiago dijo algo al respecto; en efecto, acabo de buscarlo, aquí, 2013, y aquí, 2016), lo que a su vez certifica la libertad que ha traído la novela gráfica a la hora de que el autor, ya responsable total de su obra, se plantee hacer con sus tebeos, literalmente, lo que le da la real gana. Temas, tratamiento formal, formatos, número de páginas, y así hasta el “infinito”. Ya no hay “revistas” de cómic a las que entregar X número de páginas mensuales; no hay un “formato estándar” al que ajustarse, no hay “géneros de ficción” que te pide el editor, al menos en mercados como el español, etc., etc., etc. 

La única pega para mi gusto de este Jolene: igual, quizá, a veces no hacían falta los textos místico-verborreico-macarrónicos, aunque también tienen su parte de risa. No lo sé, ¿eh? Solo me ha dado a veces esa impresión. El responsable de este objeto extraño, Victor Puchalski, es un autor definitivamente a seguir que no se ha estancado con Enter the Kann (Autsaider, 2016) y parece que no quiere repetirse de ningún modo. De hecho, una vez leído, este Jolene parece el "paso lógico" para superar aquello.

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La balada de Jolene Blackcountry
Victor Puchalski
40 páginas
Ausaider, 2017
Rústica, tinta sobre negro y fotoluminiscente

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(empiezo aquí unas minirreseñas sobre aquellos cómics que vaya leyendo. En ellas no atenderé a criterios “políticos” ni de “relevancia” o similares; no se trata de reseñar lo “más importante del año” ni nada por el estilo. Pretenden ser solo algunas notas sobre los cómics que acabo de leer y sobre los que tenga algo que decir)

miércoles, 10 de mayo de 2017

cómics en Rockdelux mayo 2017

Esa portada dedicada a The XX encierra un número de Rockdelux con un contenido extra sobre cómic. En concreto:

—dos páginas sobre Daniel Clowes, con un reportaje de Vicenç Batalla que incluye declaraciones que consiguió en el pasado Festival de Angulema y un despiece de un servidor sobre cuatro obras selectas del autor estadounidense, un clásico ya del cómic;


—una página que incluye un artículo de Daniel Ausente titulado "Beà: pesadillas de la memoria", a propósito de las nuevas ediciones de algunos cómics de los ochenta del barcelonés Josep Maria Beà, y reseñas de:

Febrero para galgos, de Peter Jojaio (Entrecomics), por Miguel Ángel Pérez-Gómez;
Cosmonauta, de Pep Brocal (Astiberri), por Laura Fernández;
La mujer de al lado, de Yoshiharu Tsuge (Gallo Nero), por Regina López Muñoz;
Un millón de años, de David Sánchez (Astiberri), por Daniel Ausente;
Nuevas estructuras, de Begoña García-Alén (Apa Apa), por Isabel Cortés;
Roco Vargas. Júpiter, de Daniel Torres (Norma), por Daniel Ausente.

Y eso es todo de momento. El próximo mes, más cómics en Rockdelux.

lunes, 17 de abril de 2017

«porque es reiterativo»

Alfonso Font opina sobre Paracuellos. Auxilio Social, de Carlos Giménez, en la revista Comix Internacional nº 9 (1981)

domingo, 2 de abril de 2017

cómics en Rockdelux abril 2017

Ya ha llegado a los kioscos el nuevo número de Rockdelux, con portada dedicada al recientemente fallecido Chuck Berry, pero lo que nos interesa ahora es la sección de cómic. Que este mes de abril trae los siguientes contenidos:

Reseñas de: 
Histeria, de Richard Appignanesi y Oscar Zárate (ECC), reseñado por Eloy Fernández Porta;
El boxeador, de Rubén del Rincón y Manolo Carot (La Cúpula), reseñado por Daniel Ausente;
Bitch Planet, de Kelly Sue DeConnick y Valentine De Landro (Astiberri), por Isabel Guerrero;
Safari Honeymoon, de Jesse Jacobs (DeHavilland), por Mireia Pérez;
Innocent, de Shin'ichi Sakamoto (Milky Way), por Alex Serrano;
Artoons, de Pablo Helguera (Consonni), por Eloy Fernández Porta;
Un policía en la Luna, de Tom Gauld (Salamandra), por Gerardo Vilches;
Los cuadernos de Esther, de Riad Sattouf (Sapristi), por Laura Fernández. 

La sección incluye además un artículo de Daniel Ausente sobre todo el Arsène Schrauwen de Olivier Schrauwen (Fulgencio Pimentel), y una entrevista a la guionista y realizadora Loo Hui Phang (El olor de los muchachos voraces) a cargo de Vicenç Batalla.

Pues eso, amigos. Rockdelux, abril 2017. Ya en kioscos de toda España. 

Foto de Alex Serrano

sábado, 25 de marzo de 2017

acontecimiento

Ayer viernes publiqué un texto sobre Islamabad (2017), la última gran canción del rock español, un  acontecimiento al menos para mí. Puede leerse en la web de Rockdelux.

La banda autora, Los Planetas, ocupa también la portada del número de marzo de la revista impresa. Aprovecho para recordar —no pude hacerlo a primeros de mes porque iba a la carrera— la sección de cómic que se ha publicado en este número:

Reseñas de:
El sheriff de Babilonia, de Tom King y Mitch Gerads (ECC), por Daniel Ausente
Disparen al humorista, de Darío Adanti (Astiberri), por Raúl Minchinela
Naúfragos, de Laura Pérez y Pablo Monforte (Salamandra Graphic), por Isabel Guerrero
La comedia literaria, de Catherine Meurisse (Impedimenta), por Laura Fernández
El perdón y la furia, de Altarriba y Keko (Museo del Prado), por Isabel Cortés

Además, la sección incluye artículos de Daniel Ausente ("Trump supervillano", un breve repaso a las conexiones comiqueras con el nuevo presidente de EE UU) y de Laura Fernández ("Jiro Taniguchi: adiós al maestro del regreso", una columna que deja breve constancia de la obra de un grande de las viñetas que nos dejó el pasado 11 de febrero).

El número de marzo de Rockdelux, por supuesto, trae mucho más. Entre otras cosas, una entrevista de tres páginas a Los Planetas donde hablan de su nuevo álbum, Zona temporalmente autónoma (2017), que apareció ayer mismo (uno de los dos mejores discos de su carrera, en mi opinión). La revista sigue aún en kioscos.

martes, 7 de marzo de 2017

graf, graf, graf

El GRAF BARCELONA 2017, Festival de cómic independiente y autoedición, me ha parecido apoteósico. Honestamente, creo que esto tiene poco o nada que envidiarle ya a la SPX estadounidense (el festival de cómic alternativo más importante de Norteamérica). El marco, Fabra i Coats Fábrica de Creación, es insuperable y brinda unos servicios e instalaciones que, ahora mismo, no creo que haya en ningún lugar de España. Fabra i Coats es una antigua fábrica textil reconvertida en centro cultural público (titularidad del Ayuntamiento de Barcelona) previa inversión millonaria en instalaciones interiores. He visto pocos lugares así, y casi todos fuera de España: Italia, Francia, EE UU. En Málaga el centro cultural La Térmica sería el equivalente aunque bastante más modesto. Al grano: el espacio, inmejorable, brindaba la posibilidad de una gran superficie ocupada por numerosos editores y autoeditores jóvenes, y esto en la capital tradicional más importante de la edición en España. Tebeos hechos aquí, por autores de aquí, jóvenes y no tan jóvenes que en muchos casos vienen de escuelas de arte regladas. Y se nota. Sus cómics no se deben a códigos o tradiciones industriales sino a otras tradiciones, las de las artes visuales. Bienvenidos sean: ya hace tiempo que están aquí, desde al menos una o dos generaciones de autores, y sus «inputs» creativos no han dejado de enriquecer la tradición previa del cómic (comercial, industrial o como quiera llamarse). 

No me quiero ir (del post) sin destacar la calidad de las actividades, talleres y mesas redondas, de nivel internacional (por destacar una sola, la charla del gran Darío Adanti, dirigida por los magníficos Mery Cuesta y Miqui Otero; véase foto debajo) y del funcionamiento de toda la organización, discreta, eficaz y puntual. Muy apropiada, por cierto, la inclusión en el GRAF de la Tebeoteca de Christian Osuna y del stand de consulta de cómics que montaron las bibliotecarias de la Biblioteca Ignasi Iglésias-Can Fabra (situada al lado de Fabra i Coats, cruzando la calle), que cuenta con una colección de cómics que es, para hablar pronto, cagarse (un saludo desde aquí a la bibliotecaria Lluïsa Pardo). 

Felicidades a Borja Crespo, Iñaki Sanz, Mireia Pérez, Gerardo Vilches y a todos los demás organizadores de este evento que se consolida y CRECE (mayor número de visitantes en todos los GRAFs celebrados hasta el momento).


Gracias por supuesto por invitarme, fue un placer colaborar como pude con las dos mesas redondas que me encargaron moderar («Cómic digital. Teoría y práctica», con Laurielle, Marcos Martín, Flavita Banana y Gerardo Vilches, y «Paella de sushi. Influencia del manga en nuestros cómics», con Natacha Bustos, Maria Llovet, Luis Bustos y Víctor Puchalski). He vuelto cargado de fanzines, cómics alternativos y, lo más importante, experiencias memorables y recuerdos en consonancia.

Fotos: Facebook de Borja Crespo

martes, 31 de enero de 2017

cómics en Rockdelux febrero 2017

Nuevo mes, nuevo Rockdelux. El de febrero. Y en su interior, tras esa entrada que nos da Joe Crepúsculo desde la portada, la sección de cómic, habitual en la revista desde hace más de 20 años, que este mes trae dos páginas. Al grano: contenidos:

«En tiempo desquiciado», un artículo de Fernando Castro Flórez que pone en relación la Dialéctica de la ilustración de Adorno y Horkheimer con V de Vendetta (ECC), de Alan Moore y David Lloyd, y el presente-futuro diagnosticado por Marcos Prior y David Rubín en su particular Gran hotel abismo (Astiberri);

—6 reseñas 6, a saber:
    Last Man 7 (Diábolo), de Vivès, Balak y Sanlaville, reseñado por Alex Serrano;
    Diagnósticos (La Cúpula), de Diego Agrimbau y Lucas Varela, por Gerardo Vilches;
    Mundo plasma (Reservoir Books), de Calpurnio, reseñado por Laura Fernández;
    Jane, el zorro y yo (Salamandra), de Isabelle Arsenault y Fanny Britt, por Xavi Serra;
    Intemperie (Planeta Cómic), de Javi Rey adaptando al cómic la novela de Jesús Serrano,  
    Stuck Rubber Baby (Astiberri), de Howard Cruse, reseñados estos dos últimos por Daniel Ausente; 

Gerardo Vilches entrevista a Rutu Modan aprovechando su reciente paso por Madrid para promocionar su libro La cena con la reina (Fulgencio Pimentel), tres columnas en las que la historietista israelí repasa sus principales obras y aún tiene espacio para dar su opinión sobre el conflicto palestino;

Daniel Ausente repasa por último la producción reciente de Joann Sfar en España en un artículo titulado «Joann Sfar y el sueño europeo», donde traza un recorrido que va desde su último Klezmer, Kishinev de los locos (Norma) a Si Dios existe (Confluencias). Su diagnóstico para Europa, me temo, no es demasiado prometedor. Con esta nota «inquietante», volveremos el mes que viene en la sección de cómic de Rockdelux. Si todo sale bien, con otra entrevista y muchas más reseñas y artículos.