miércoles, 23 de abril de 2014

La última gran novela americana no es una novela sino una novela gráfica, o sea, un cómic, y ni siquiera es una novela gráfica convencional. En realidad nunca se había visto nada como esto, una caja de maravillas donde el estadounidense Chris Ware (Omaha, 1967) disemina su narración a través de un sinfín de objetos y formatos dispares. Tiras pequeñas, grandes desplegables, algún libro, un gran tabloide a modo de antiguo periódico, y más. Es el lector el que debe elegir el orden de lectura y sentido de la narración, un gigantesco mapa emocional de los habitantes de un edificio, desde los vecinos de sus diferentes pisos (stories, un juego de palabras con el título original, Building Stories, construyendo historias, o pisos) a una pequeña abeja que se queda atrapada en el sótano; un atlas vital que navega entre el presente, la memoria del pasado e incluso del futuro.
Mi primera colaboración con la revista digital Passeig de Gràcia sigue aquí
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martes, 22 de abril de 2014

historias para mirar: cómic y novela gráfica desde la biblioteca

Bajo ese título se inaugura mañana miércoles 23 de abril a las 12 del mediodía una exposición en el hall de la Biblioteca General de la Universidad de Málaga (Campus de Teatinos), aprovechando el día del libro. A esa hora daré una pequeña charla porque me pidieron dibujos originales para exponer; la exposición permanecerá abierta al público hasta el próximo 6 de junio.

domingo, 20 de abril de 2014

quiero lo mismo que mi hermano

Acabo de ver el Noé de Darren Aronofsky. La única pega que le veo es que históricamente no es muy fiel, se toma demasiadas licencias respecto a los hechos. 

Bueno, y que como pasa con las adaptaciones, ya se sabe, el libro es mejor que la película. 

A mí la película, ya hablando en serio, me ha gustado bastante, en particular por determinadas cuestiones antropológicas expresadas de un modo bastante sutil: gestos, palabras breves, miradas. También está la envidia como semilla de la violencia mimética ("tomo cuanto quiero", "quiero ese arca y todo lo que hay dentro", "quiero una mujer, igual que mi hermano") y el tema, nada maniqueo, de que el mal anida dentro de cada uno, no está "fuera de la muralla". Eso por no hablar de la expresión de nuestra culpa actual por haber arruinado (y seguir arruinando) el Edén, abordada de manera oblicua a través de la culpa de superviviente de Noé. Ha tenido vista 
Aronofsky, me refiero en términos de relevancia contemporánea, al elegir esta historia para contar su versión justo ahora. El miedo al fin de los días es un tema ciertamente antiguo y universal, y no solo en el diluvio universal bíblico sino en todos los mitos de la Escatología religiosa. Y ese miedo al Fin, asociado especialmente a la crisis ecológica, no ha dejado de manifestarse en la ficción reciente desde los años setenta, seguramente la década en que se certificó el fin del sueño de progreso de la posguerra. En este sentido no me ha parecido casual que la ambientación del filme sea indeterminada: podría estar situado tanto en un pasado mítico, biblíco, como en un futuro fantástico más o lejano.

Me siguen gustando los ritmos visuales de Darren Aronofsky, su repetición de imágenes como mantras visuales acelerados (el pecado original-la manzana del conocimiento-la mano de Caín agarrando la piedra) y su estética al límite de lo hortera; me ha gustado incluso la secuencia del origen del mundo.

Pero lo mejor de todo es que A MI MADRE LE HA ENCANTADO.


(la película cuenta, como las grandes superproducciones de antaño, con una versión en cómic, si bien hay que destacar que en este caso el cómic fue anterior a la película: antes de encontrar financiación para realizarla, Aronofsky y su coguionista Ari Handel adaptaron el guión al cómic, contando con dibujos del canadiense Niko Henrichon. Se publicó originalmente en el mercado francés en 2011-2012; en España acaba de traducirla DeBolsillo. Solo después de hacer el cómic, infinitamente más barato de producir, Aronofsky consiguió los 130 millones de dólares para levantar la película)




martes, 15 de abril de 2014

el origen de...

«Justo antes de comenzar con este cómic, se me ocurrió pensar que la peor idea posible para un cómic era hacer una historia realista sobre un superhéroe. Es algo que mucha gente ha intentado hacer en el pasado y sencillamente es una idea terrible. Es imposible que salga nada bueno de una idea tan absurda como esa. Y entonces pensé que quizá podría estar bien intentarlo. Hay algo muy atrayente en intentar acometer algo que sabes que es una muy mala idea. Además, sentí que como el fracaso era casi inevitable, tenía una libertad total para hacer cualquier cosa». 
«Así fue como me interesé en un primer momento por la idea. Más tarde empecé a pensar en mi propio interés por los superhéroes. Cuando tenía más o menos la edad que Andy, el protagonista de la historia, unos 16 o 17 años, yo estaba completamente obsesionado por las historias de superhéroes. Intenté recordar qué era exactamente lo que me interesaba tanto de aquellos cómics y me di cuenta de que yo era un adolescente débil que se sentía víctima del mundo en el que vivía pero sabía que dentro tenía algo especial y poderoso, algo de lo que nadie se daba cuenta, igual que un superhéroe, y eso me frustraba y me hacía sentir todas esas emociones desesperadas que sienten los adolescentes. Así que intenté reimaginar cómo hubiera sido mi adolescencia si de pronto hubiera conseguido esas cosas que yo deseaba tener y ser un superhéroe, al menos metafóricamente».
Daniel Clowes, entrevistado en 2013 por Juanjo Villalba. Clowes se refiere a El rayo mortal

miércoles, 9 de abril de 2014

el idioma analítico de Arsène Schrauwen


No veo el arte como algo que se está moviendo hacia un estado perfecto y sublime en el que ya no se necesitará arte nuevo. Es más como una bestia mutante, siempre adaptándose a su entorno, siempre cambiante. En este sentido las cosas nunca están dichas ni hechas.
—Olivier Schrauwen[1]

En el célebre prefacio de Las palabras y las cosas, Foucault cita un texto de Borges como inspirador de su libro. En concreto, un pasaje de “El idioma analítico de John Wilkins” en el que Borges citaba a su vez “cierta enciclopedia china” donde se recogía esta sorprendente taxonomía: “los animales se dividen en a) pertenecientes al Emperador, b) embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas”[2].

Al comienzo de Arsène Schrauwen 1 (2012; publicado en español por Fulgencio Pimentel en 2014), el “abuelo de O. Schrauwen” viaja en 1947 desde “las heladas orillas del Scheldt a las sofocantes playas de la colonia”, y en el barco conoce a un anciano de labios libidinosos llamado Morrens. Mientras se zampan varias cervezas trapenses en el bar de la cubierta, Morrens le enumera a Arsène algunas de las cosas que va a encontrar en la colonia: “nativos maravillosos” que, “de hecho, no son muy distintos de los europeos”, etcétera, y los dibujos muestran las imágenes que la descripción oral del viejo despierta en la mente de Arsène, imágenes incompletas e imaginarias de una realidad que aún no conoce (FIG. 1). En un momento dado, Morrens le avisa del gran peligro que acecha en la colonia y requiere “precaución extrema”: un parásito denominado gusano elefante, un invertebrado diminuto que habita en las aguas de todo tipo, ríos, charcas, agua del grifo, en la sopa, en la lluvia, incluso “¡¡en las lágrimas!!”[3]. El “viejo sabio” Morrens, portador de conocimiento a los ojos del pardillo Arsène, le da entonces un consejo que marcará su vida en las próximas semanas: evitar cualquier líquido que no venga sellado y cerrar de manera estanca los extremos de sus calzoncillos, puesto que “conocía a un hombre que había tenido la ocurrencia de mear en una acequia” y el gusano elefante “había subido nadando por el chorro de orina ¡como un salmón!”. Para concluir su enumeración de las cosas que le esperan, Morrens menciona el otro gran peligro de la colonia, “los hombres leopardo”. Como el niño que da sus primeros pasos en un mundo que aún desconoce, Arsène acepta de manera acrítica lo que el “viejo experimentado” le ha contado, y esa creencia condicionará bajo un miedo supersticioso su estancia en la colonia.

FIG. 1.  Arsène Schrauwen 1. Olivier Schrauwen, 2012 (edición española de 2014)
Así comienza nuestro propio viaje como lectores a un territorio mental donde lo cotidiano se convierte en fantástico, y no porque ocurran sucesos irreales sino por el modo en que nos son presentados los reales. No se trata aquí tanto de lo unheimlich o inquietante freudiano, lo familiar que se torna siniestro, “aquella suerte de espantoso que afecta a las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás”[4], puesto que prácticamente nada de lo que vemos en la colonia nos resulta familiar sino más bien exótico. Se trata, a mi modo de ver, de aquello que señalaba Foucault precisamente en Las palabras y las cosas: lo que aquí resulta imposible de pensar, y abre la puerta a lo “fantástico”, es el espacio común en el que podrían ser vecinas las cosas que enumera Morrens: los nativos del Congo —ese “chaval” que le surte de huevos y trapenses a Arsène y al que por cierto no termina de ver; su presencia resulta inquietante por invisible y fantasmal—, el gusano elefante que aterroriza a nuestro protagonista, los hombres leopardo, etcétera. Igual que los animales amaestrados, los que se agitan como locos, los innumerables o los dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello de “cierta enciclopedia china”, este tipo de enumeración heteróclita solo puede encontrarse, como indicaba Foucault, en la voz que la pronuncia, y más tarde en la página que la transcribe. “¿Dónde podrían yuxtaponerse a no ser en el no-lugar del lenguaje?”[5].

En efecto, ese espacio común impensable, imposible, donde cohabitan palabras que designan cosas reales y palabras que no corresponden a nada real solo puede existir en el lenguaje: en el relato oral del viejo Morrens, en el relato que a su vez Arsène transmitió presumiblemente a su nieto, Olivier Schrauwen y, finalmente, mediado por el arte de este último (dibujado “con un pincel finísimo”, no sabemos ya si “de pelo de camello” o de marta), en las páginas de este cómic singular y fascinante. De este modo, nuestra puerta de entrada a lo desconocido en Arsène Schrauwen es un cambio epistemológico, una modificación sustancial de nuestra “reja de la mirada”, parafraseando de nuevo a Foucault, que nos conduce a un mundo ya desaparecido cuyos códigos culturales permitían que una enumeración semejante —nativos humanos, gusanos elefante, hombres leopardo— fuese creíble para un hombre corriente. Es, también, el umbral hacia el pensamiento propiciado por taxonomías populares, especialmente las no occidentales. Cuando Arsène desembarca en la colonia algo después, “en lugar de detenerse durante un minuto para contemplar su nuevo entorno”, saca la carta de su primo Roger Desmet, la persona que le ha invitado a visitarle en la colonia, en la que le había dibujado de manera precisa el camino a su casa. “Arsène aceptó inmediatamente el plano como su nueva realidad”, dice el texto, y de repente le vemos caminar entre palabras. “El abuelo siguió las indicaciones como un autómata” (FIG. 2).


FIG. 2.  Arsène Schrauwen 1. Olivier Schrauwen, 2012 (edición española de 2014).


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Mi ensayo sobre la obra de Olivier Schrauwen a partir de su reciente Arsène Schrauwen sigue en el segundo número de la revista CuCo, Cuadernos sobre Cómic, que puede descargarse gratuitamente aquí

El sumario de CuCo nº 2 incluye también estudios de Rubén Varillas («El cómic, una cuestión de formatos (2): revista de cómics, fanzines, mini-cómics, álbumes y novelas gráficas»), Octavio Beares («La grafía en la historieta: modos, lugares y estéticas»), Óscar García («Magia y metaficción en Promethea: un cómic para conjurar el apocalipsis»), Raquel Crisóstomo («La lucha contra la inefabilidad: el caso de Art Spiegelman», Diego Espiña («Apuntes a Notas al pie de Gaza»), Pablo Turnes («Para leer el imperialismo. La historieta como arma discursiva en 450 años de guerra contra el imperialismo, de Héctor G. Oesterheld y Leopoldo Durañona») y Gerardo Vilches («La primera etapa de El Jueves. Un análisis de los primeros 26 números del semanario»). 

Este número de CuCo también incluye ensayos de Antonio Altarriba («Los años que vivimos en viñetas. Breve sociología sentimental del tebeo en tiempos de Franco»), Julio César Iglesias («Estructuras narrativas en Watchmen») y críticas de Borja Usieto (Los surcos del azarThor. El Dios del trueno), Octavio Beares (Fran, Beowulf), Mireia Pérez (La propiedad), Roberto Bartual (FF 1), Geraldo Vilches (Maestros antiguos), Alberto García (Todo y nada), Valentín Vañó (Vampir) y Elisa G. McCausland (Glory). 



[1] Entrevistado en “Olivier Schrauwen”, The Comics Roid [Project] (2010). Disponible on line en http://the-comic-roids.blogspot.com.es/2010/09/8-olivier-schrauwen.html Consultado el 30 de marzo de 2014.
[2] Borges, J. L. “El idioma analítico de John Wilkins”, en Borges, J. L. Otras inquisiciones. Buenos Aires, Emecé, 1960 [1952], p. 142.
[3] Schrauwen, O. Arsène Schrauwen 1. Traducción de César Sánchez y Alberto García Marcos, Logroño, Fulgencio Pimentel, 2014, p. 12. Todas las citas de Arsène Schrauwen 1 en este ensayo están extraídas de esta edición española.
[4] Freud, S. Lo siniestro”, en Freud, S. y Hoffmann, E.t.a. Lo siniestro. El hombre de la arena. Traducción de Carmen Bravo Villasante, Barcelona, José J. De la Olañeta Editor, 1979 [1919], p. 12.
[5] Foucault, M. Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Traducción de Elsa Cecilia Frost, Madrid, Siglo XXI, 2006 [1966], p. 2.

tu historia favorita de Batman


Me han preguntado para la revista Número Cero cuál es mi historia favorita de Batman, a propósito del 75 aniversario de Batman que se cumple este año (Detective Comics 27, fecha de portada mayo de 1939).

Personalmente iba a ser "original" y "desconcertar" eligiendo una historieta "rara" de los cientos que he leído de Batman, tal vez alguna de la etapa "alienígena rosa" dibujada por Sheldon Moldoff, o tal vez alguna de Denny O'Neil y Neal Adams. Al final... al final, pues leedlo en el enlace.

Participan Paco Roca, Manel Fontdevila, Santiago García, David Rubín, Álvaro Ortiz, Nadar, Manuel Bartual, Alberto García El Tio Berni, Alexis Nolla y Carlos Vermut. ¡¡Alguna mujer, por favor! (no hay, y lo siento). Que lo diga aquí, si le apetece. TU HISTORIA FAVORITA DE BATMAN. Que hable ahora o

lo haga luego.

lunes, 7 de abril de 2014

varia

«En aquella ratonera del puerto alicantino se concentraron casi 20.000 personas (17.000 hombres, 2.000 mujeres y 1.000 niños) que esperaron en vano a los barcos que debían evacuarlos, para llevarlos al exilio. Barcos que nunca llegaron, y en su lugar se produjeron escenas dantescas, "al menos 45 suicidios", como el de "un hombre que se afeitaba tranquilamente junto a una joven embarazada y que al terminar de rasurarse se degolló. Fue tal el chillido que dio aquella mujer, que dio a luz allí mismo".»
José Eduardo Almudéver, 94 años, uno de los pocos exbrigadistas internacionales vivos. Sigue aquí



(viñetas de Los surcos del azar, 2013, de Paco Roca) 

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«Los media son indispensables en la construcción de una opinión pública que llegue a sentir como propios los intereses de las élites dirigentes». 
«Todo arte es político. No sólo el antagonista. También el que aplaude. Y el que mira hacia otro lado».
Rogelio López Cuenca, artista

amaral, el video: el diagnóstico.



Ratonera, el videoclip de Amaral que ha estado hoy en todos los medios, tanto «tradicionales» (lo he visto hasta en El País y en algún telediario nacional) como redes sociales, puede ser criticable por burdo, demagogo o panfletario, pero para mí esa no es la cuestión relevante aquí. Si hasta Amaral (¡Amaral!) quiere estar «ahí», lanzando una satira política tan directa (han acudido a Alberto González Vázquez, guionista y director del videoclip, que por cierto es entre otras cosas autor de cómics) y, en fin, demoledora, es que el resentimiento que los políticos han generado en nosotros es ya un asunto literalmente MAINSTREAM. Amaral tiene su (gran) público y si hacen esto es porque perciben, se equivoquen o (más bien) no, que también van a ganarse las simpatías de sus seguidores con semejante videoclip. Bueno, de hecho para empezar han logrado estar en boca de todos hoy. Y no veo grandes críticas contra la sátira «ratonera» sino más bien aquiescencia.

Esta es la auténtica «mayoría silenciosa» a la que apelaba Rajoy, solo que ni es la que él pensaba ni está silenciosa. Si yo fuera político, estaría preocupado pero de verdad. A ver si ahora también acusan a Amaral de «terroristas antisistema»...



O sacan alguna ley para prohibir semejantes «atentados» al «bien común».

la «polémica» crítica que nadie había leído

El pasado sábado por la tarde, la mesa redonda sobre una «nueva» prensa musical (con representantes de Mondo Sonoro, Rockdelux y Rolling Stone España) en las jornadas Crema de La Térmica se abrió con una alusión de la moderadora que yo juraría no pilló ni la mitad del público. En concreto aludió a una crítica de Santi Carrillo, presente en la mesa, en el Rockdelux de este mes, que muy pocos habían leído (entre otras razones porque acaba de salir y no está disponible en internet, «a un solo clic de distancia»), donde se carga el nuevo disco de Nacho Vegas, Resituación (2014). Lo hace después de justificar hasta en tres ocasiones lo mucho que valora la obra anterior del músico y destacar su talento, el reconocimiento que le ha brindado la revista desde su debut en solitario, «el músico español más relevante que ha dado la primera década del siglo XXI», etc. A mí esta crítica en concreto me parece bien porque es una crítica argumentada, y por tanto legítima (lo de Carlos Boyero y otros «periodistas» culturales impresentables es harina de otro costal). No he oído el disco entero, solo dos canciones, así que no me refiero al disco sino a la crítica como tal. Las obras se publican para ser disfrutadas, debatidas, comentadas y criticadas, tanto para bien como para mal dependiendo del espectador, lector, oyente, crítico. Salvo que uno quiera ver solo «likes» o leer únicamente notas de prensa promocionales disfrazadas de crítica, claro. 

La entrevista de Jesús Rodríguez Lenin que incluye este mismo número de Rockdelux ya no me parece tan bien, como le he comentado a Santi, director de la revista. Porque está formulada a la contra, obligando al artista a «defender» su obra (el disco Resituación, insisto) tras una «acusación sin pruebas», y eso ya no me tan parece legítimo porque el artista no es un político que tenga que rendir cuentas por su trabajo. Más allá de que sea o no legítimo, algo que entiendo discutible, ese tipo de estrategia del entrevistador creo que no proporciona una conversación interesante. He leído otra entrevista a Vegas en internet sobre su disco nuevo que, partiendo del elogio, resulta más reveladora por las respuestas que consigue. Porque el entrevistado no está a la defensiva, y por tanto es más sincero.

Total, que aquí enlazo dos canciones de la etapa más militante y política de Nacho Vegas, la anterior Cómo hacer crac (2011) y Actores poco memorables, de su nuevo disco, que se publica justo en estos días. No es que no hubiera un compromiso político implícito en su obra anterior, pero en los últimos tres años se ha hecho mucho más explícito por razones evidentes. Yo tengo mis más y mis menos con este músico asturiano de talento innegable, dependiendo de la canción concreta. Hay canciones que me gustan a rabiar y canciones suyas que no soporto, lo cual me deja perplejo y eso yo siempre lo valoro en cualquier artista. Es decir, valoro que no entienda del todo su quid, sus por qués. También creo, y ahí coincido con Santi Carrillo, en que el arte político, un asunto complejo —el arte siempre es político incluso por omisión, pero aunque sea abiertamente político tiene que seguir siendo arte, es decir, poético—, debería interrogar. No dar respuestas.


 

sábado, 5 de abril de 2014

el subtexto de casi todas las intervenciones daba a entender que


«Me alegró que el subtexto de casi todas las intervenciones de la emisión diera a entender que los comix estaban en el origen de todo. Me alegró comprobar la lucidez con la que tanto Ceesepe como Ouka Lele y Alberto García Álix hablan desde hoy de la "movida" sin asomo de nostalgia ni tontería ninguna. Solo me jodió la injusta e innecesaria pulla que Mariscal lanzó contra Ouka Lele. Y también que a Nazario se le siga adjudicando un papel secundario cuando él estuvo allí antes que nadie, y durante, y todavía».
Ochéntame otra vez, según Max.

sábado, 22 de marzo de 2014

un millón de veces mejor

«Hasta aquí deberían leer si piensan en comprarse esta novela gráfica. Si lo que desean es ahorrarse la pasta, prosigan. Están avisados. Y es que yo no acabo de pillarle el punto a Paco Roca. Le reconozco todas las virtudes que he enumerado. Es riguroso en sus planteamientos y sus acabados son muy profesionales y agradables. Pero nada de lo que cuenta consigue interesarme. Sus constantes saltos del presente al pasado me aburren y narrativamente me parecen innecesarios. [...] Hay un momento en que comenta que le gustaría darle a las memorias del jubilado un aire a Los Violentos de Kelly, la peli de los setenta. Inmediatamente aclara que es un chascarrillo, él es demasiado serio como para hacer un mero entretenimiento. Personalmente, nunca me ha parecido una gran película, pero desde luego es un millón de veces mejor que el ladrillo que se ha marcado el amigo Roca. La memoria histórica tiene estas cosas».
Hasta aquí la cita de Florentino Flórez (el énfasis en cursiva es mío) de su reseña de Los surcos del azar, de Paco Roca. Ahora veamos qué se decía en Los surcos del azar, páginas 116 y 117:
—Personaje de Paco Roca: «Hay una película que me gusta mucho, "Los violentos de Kelly", pensaba hacer algo así, pero con los republicanos de españoles. ¿Conoce la película?» 
—Miguel Ruiz: «No soporto las películas americanas de guerra. Parece que ellos solos las ganaran. ¡Eso es mentira!» 
—Personaje de Paco Roca: «Bueno, sí. Es verdad... igual es un tono muy frívolo después de oír lo que me ha contado. 
Quizá simplemente le tome a usted como protagonista y cuente sus años en la guerra». 
—Miguel Ruiz: «Vaya, ¿me vas a convertir en el protagonista de una historia?»

bravo, amigo


—Su proyecto es convencional, falto de inspiración, sin impulso, perfectamente inofensivo... Bravo, amigo. Vamos a preparar el contrato.

—Médiamondia no lo lamentará.

—Estoy seguro de ello.

(De Lune l'envers, Blutch, colores de Isabelle Merlet, 2014)

domingo, 16 de marzo de 2014

citas

«Muchos críticos dicen que en el arte ya se ha hecho y dicho todo. Si eso es cierto, ¿cuáles son las nuevas soluciones y horizontes para los cómics? 
No veo el arte como algo que se está moviendo hacia un estado perfecto y sublime en el que ya no se necesitará arte nuevo. Es más como una bestia mutante, siempre adaptándose a su entorno, siempre cambiante. En este sentido las cosas nunca están dichas ni hechas».
Olivier Schrauwen (2010)
ANTES Y AHORA. «Siempre he tenido la idea de que la historieta es un medio de expresión. Y aunque siempre ha sido enfocado hacia un público infantil-juvenil, ahora felizmente empieza a abordar otras temáticas más sociales, más íntimas y cotidianas. Pero durante gran parte de mi vida profesional a mi alrededor solo se hizo historieta cómica, infantil-juvenil, de aventuras».
«Trillo siempre decía que la historieta atrasaba. El cómic y el cine nacieron juntos, prácticamente. Este último evolucionó de una manera brutal, ejemplar. A través del cine se puede seguir la historia del  siglo, todas las escuelas filosóficas, políticas… A través del cómic, no, no se puede encontrar esa profundidad de análisis que dio el cine. La historieta, como siempre fue destinada a un público infantil-juvenil y la industria lo encasilló en eso, nunca lo abordó de igual forma que el cine. Y ahí las culpas son compartidas, tanto por parte de los autores que no lo hicimos, los lectores que no lo exigimos y los editores que no lo quisieron. La historieta en sí ha perdido mucho tiempo.»  
«La novela gráfica es formidable en tanto que ha modificado todo el discurso de la historieta en la actualidad, ¿no es cierto? A través de la novela gráfica se ha hecho adulto al lector habitual de historietas. Hasta hace poco el cómic no acompañaba el crecimiento de la edad mental del lector. Si un tipo seguía leyendo Spiderman con treinta años parecía un estúpido, si lee únicamente esto. Me refiero a que lo bueno que tiene la historieta es que tendría que ser una lectura para todos los públicos».
Horacio Altuna (2014)

viernes, 14 de marzo de 2014

salvajes de carretera


Un extraño hilo conductor me ha conducido esta mañana desde el libro que había sacado Hadaly de la biblioteca, Mierda y catástrofe, lo ultimísimo de Fernando Castro, «lo más suyo como tú y yo sabíamos» (parafraseando con cariño al difunto Joaquín Luqui), hasta el careto machacado de Mel Gibson tras ser apaleado, y casi podemos suponer que violado en elipsis, por salvajes muy salvajes de carretera.

Resulta que uno de los ensayos del libro de Fernando (quien por cierto estará en Málaga en una charla junto a Vicente Matallana el próximo martes 18 de marzo, en el centro cultural La Térmica, 18:00 horas) comienza, en alusión a la catástrofe y a las películas de, citando la ya célebre definición que dio J. G. Ballard de Mad Max 2 como «la Capilla Sixtina del punk». La primera de la saga Mad Max la he visto muchas veces, porque suelen reponerla en la tele, pero la segunda, es curioso, no la había vuelto a revisar desde finales de los ochenta, y la vi el otro día. Es una película que, siendo niño, imaginé durante mucho tiempo antes de poder verla realmente. Ese póster de ahí abajo lo tuve colgado durante años en mi dormitorio infantil, el que compartía con mi hermano pequeño. A través de los relatos de compañeros de colegio que la habían visto, dichosos ellos, la película fue pasando a un territorio mítico donde las «escenas más impactantes» eran contadas y recontadas en una suerte de historia oral, hasta el punto de que incluso los que aún no habíamos podido verla nos la sabíamos de memoria. La escena del boomerang (como buena película australiana) y los dedos cortados, el malote con el corte de pelo punk (o «mohawk», algo sobre lo que volveré enseguida), el jefe más malote aún con la máscara de hockey, la recortada de Mad Max, la larga persecución final. Esto era muy habitual entonces entre la chavalería, cuando las películas solo se podían ver en cine, no llegaban al videoclub hasta varios años después (cuando hubo reproductores de video domésticos y videoclubs en España, claro) y si te las perdías en su estreno te jodías durante años. El fenómeno de historia oral «metamítica», donde los mitos modernos del cine eran reconvertidos a su vez en mitos infantiles que unos niños se contaban a otros, exagerando y embelleciendo donde había que hacerlo, es el mismo que sucedió en mi colegio y barrio con La guerra de las galaxias, La Cosa (versión de Carpenter), Alien y otras por el estilo. Seguro que en el vuestro también.
¡UN HOMBRE QUE VALE POR CIEN! Total, que vista ahora Mad Max 2, dirigida por George Miller igual que la primera de la saga, hay que decir que la película es cojonuda. Lo sigue siendo. Un claro western, por mucho postapocalipsis que se meta para modernizar el invento: hay asedio de «indios» (los salvajes blancos de las crestas «mohawk»), hay flechas, hay círculo de carromatos (sustituidos por vehículos a motor, autobuses blindados caseramente, etc.), hay diligencias (camiones) acosadas y hay por supuesto un héroe solitario. Un forastero que, como el clásico héroe de frontera americano, es un héroe reticente, que se resiste a serlo (detalle muy importante en ese arquetipo heroico de la cultura estadounidense) y a ayudar a los demás; un maverick que llega desde la tierra salvaje, el páramo, el desierto, para ayudar a la comunidad y luego seguir su camino en solitario mientras perdemos de vista su silueta en el horizonte (lejano). Sustituimos a Mel Gibson (viéndole aquí queda claro por qué estaba destinado a ser una estrella) por John Wayne, Alan Ladd (Shane, Raíces profundas) o Clint Eastwood (Por un puñado de dólares; El jinete pálido, remake inconfeso de Shane) y tenemos al héroe de frontera típico del western moderno. Como ya sucedió con Kurosawa y Leone, algunas de las relecturas más interesantes de ese arquetipo heroico norteamericano se hicieron en otras culturas, en este caso la australiana.


La fisicidad con que están rodadas las múltiples escenas de acción de Mad Max 2 no es la menor de sus virtudes, con esa concreción (y me apuesto que muchas hostias de verdad entre los especialistas que las rodaron) que exigía su filmación antes de la llegada de los efectos especiales digitales. Pero creo que la mejor de las cualidades de esta película es su abstracción. El argumento es mínimo aunque sigue una estructura clásica, recurrente: llegada del héroe desde su mundo personal —solitario y en permanente lucha— a una comunidad; enfrentamiento con los salvajes que asolan la comunidad; aprendizaje y redención del héroe reticente que empatiza de nuevo con los demás hasta el punto de sacrificarse por ellos; muerte y resurrección simbólica del héroe; triunfo final y separación del héroe de la comunidad para volver a su vida en solitario; recuerdo mitificado de sus hazañas por el miembro de la comunidad que recuerda su legado. La película, como tantos relatos heroicos, está contada como memoria de la comunidad por uno de sus miembros, que recuerda las hazañas del héroe. No estamos asistiendo por tanto a los hechos «reales» que suceden en presente, sino a la leyenda construida en base a hechos sucedidos mucho tiempo atrás (una estructura narrativa típica de los mitos antiguos, griegos o anglosajones); al mito heroico que cimenta la comunidad, si queremos decirlo así. 300, de otro Miller, y luego de Snyder en su versión cinematográfica, está relatada del mismo modo: en pasado, por un superviviente que relata el mito heroico a los suyos.



La escasez de diálogos y la invisibilidad psicológica del personaje Mad Max (recordemos de nuevo los westerns protagonizados por Clint Eastwood), que apenas se comunica con los demás y cuyas motivaciones siempre quedan en un terreno ambiguo, impenetrable a los demás personajes y al espectador, contribuyen al efecto de desnudez argumental. El argumento, reducido al tuétano, permite a su vez la acción constante de la que se nutre la energía vibrante que emana de la película; las incesantes destrucciones de vehículos y persecuciones por el desierto terminan de darle al filme esa cualidad abstracta que la ha hecho envejecer bien. Escribe Ballard en su Guía del usuario para el nuevo milenio que «Mad Max 2 es, en cierto modo, la película de carretera por excelencia, una visión convincentemente reducionista del colapso postindustrial. Se ve el fin del mundo como una incesante carrera de demoliciones, mientras bandas de salvajes motorizados vagan por los desechos de ese desierto, imposibilitados de hablar, pensar, tener esperanza o soñar, y dedicados tan sólo a la brutal realidad de la velocidad y la violencia». 

La película está recorrida por una estética sadomasoquista-gay que se vuelve evidente en no pocas ocasiones. Si las hostias de la peli eran muy burras para la época, más inquietantes resultaban por las connotaciones fetichistas y homoeróticas con que aparecían envueltas. 300 no inventó el rollo de los cachas de torso perfecto con tableta de chocolate dándose cera entre ellos (por no hablar de la antigüedad de la cuirasse esthétique), y para comprobarlo basta volver a ver esta película de la era predigital. Ahí estaba el villano Wez, el motorista del pelo mohawk con el silencioso «joven dorado» que lleva de paquete en la moto; Wez es a su vez el «perro» (literalmente, cadena incluida) de Humungus, el musculoso jefe de los malotes que oculta su rostro bajo la máscara de hockey. No quiero dejar de mencionar la presencia en el filme de una mujer fuerte, una heroína «tan dura o más que los hombres», signo de la época inaugurado en el cine por la Ripley/Sigourney Weaver de Alien (1979) y que tendría su continuación en otros personajes femeninos de películas de los ochenta y primeros noventa.

COLAPSO POSTINDUSTRIAL. El otro gran elemento inquietante de la película que la hace relevante hoy es su premisa argumental: el mundo está hecho un asco y la civilización se ha ido a la mierda (y catástrofe) porque el suministro de petróleo se ha terminado, y todos intentan conseguir el poco que queda para alimentar las máquinas sin las cuales ya no sabemos vivir. Unos por las buenas (la comunidad de la refinería) y otros muchos por las malas (los «indios» vestidos de cuero y hombreras de fútbol americano). No deja de ser «curioso», por no decir terrorífico, que el problema del peak oil estuviera más presente en el imaginario colectivo de 1981, fecha de Mad Max 2 (el Jeremiah de Hermann había empezado en 1979, el mismo año de la primera Mad Max) que en la actualidad, cuando han pasado tres décadas y en teoría estamos mucho más cerca de ese «fin de los días», los días de la civilización industrial, que traerá el agotamiento del «oro negro». Hay una secuencia magistral que resume la poética abstracta de Mad Max 2, acaso metáfora anticipatoria: la primera vez que el héroe avista la refinería, y se aposta en una colina lejana a observar su asedio por la tribu de «punks», vemos durante un buen rato los hechos, la «comedia humana», en plano generalísimo. Y desde esa perspectiva divina los hechos desnudos son: «persecuciones» (por algo que se agota irremisiblemente) y «polvo del desierto». Una huída desesperada hacia adelante y hacia ningún sitio. 

Al 11-S, catástrofe inaugural del siglo XXI, le siguieron un par de guerras libradas básicamente por el control del preciado líquido. El «desierto» era en este caso el de Oriente Medio, y los «punks» que llegaron por la carretera (de Basora) a saquear la refinería llevaban uniforme del ejército de Estados Unidos. El país que más petróleo consume y que más claro lo tiene a la hora de saber que su entera subsistencia depende de él. 

jueves, 13 de marzo de 2014

pequeña obra maestra

Tuve la suerte de leer este cómic este verano en su edición original. Estaba en Baltimore, en casa de Santiago García, the «guionist», cuando «detecté» rápidamente en sus estanterías comiqueras este tebeo grapado y lo devoré asombrado. Ya conocía los cómics previos del belga Olivier Schrauwen, magníficos, pero este Arsène Schrauwen 1, a mi modo de ver, superaba su obra anterior con creces. Ahora podéis disfrutarlo en edición española de Fulgencio Pimentel, que acaba de publicarlo in spain (fotos de David Rubín). 


Sí me gustaría comentar con franqueza un detalle de esta edición: indicar el nombre del editor de esa manera en la portada solo induce a confusión. Parece que los autores sean "Fulgencio Pimentel" (editor) y Olivier Schrauwen (el autor). Personalmente, creo que no es procedente colocar el crédito del editor ni a la misma altura ni mucho menos delante del autor. Un editor es fundamental para alguien como los que nos dedicamos a los cómics, y esto hay que reconocerlo así. Pero cuando, por ejemplo, un artista visual inaugura una exposición, el nombre de la galería o del comisario no va ni delante ni al mismo nivel que el autor. El que se ha pasado muchas, muchas horas de su vida creando la obra es quién es, y me parece que también es justo reconocerlo; los demás (editor, curador, etc.) colaboran en difundir su obra y presentarla de la mejor manera al público. Este detalle es por supuesto accesorio, pero no quería dejar de comentarlo. Lo principal es que el cómic es una maravilla, y quien me conoce ya sabe que no me gusta soltar ditirambos sin ton ni son. Se puede comprar, como he hecho yo, en la web de Fulgencio Pimentel por un módico precio, a mi juicio. Y te lo envían muy rápido a casa.

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Actualización Dice Alberto García, Tio Berni, en comentarios:
«Un comentario sobre el tema de los créditos en cubierta, que se me ha olvidado antes: coincido en que la disposición de créditos puede inducir a error o pasar por una vanidad editorial, pero en realidad el diseño y el dibujo son cosa de Schrauwen. Él mismo decidió poner el nombre de la editorial y el suyo propio en la misma línea y en ese orden. Fulgencio le pidió una portada con una única indicación, que a poder ser fuera una portada a base de patrones y con etiqueta, "al estilo de las de Insel Verlag". De hecho, Schrauwen es muy celoso de su trabajo y no solo todo ha de contar con su aprobación (créditos, tipo de papel, diseño general), sino que la rotulación la ha realizado él mismo a partir de la traducción que se le proporcionó. Es una tipografía mecánica elegida por él que después escanea y manipula de distintas formas. ¡Desde luego, el tío sabe lo que quiere!». 




sábado, 8 de marzo de 2014

understanding miller


Me han consultado para un artículo de El confidencial sobre la ideología de Frank Miller. La pieza, de Carlos Prieto, puede leerse aquí



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MÁS: trailer de 

jueves, 6 de marzo de 2014

aloes de 50 metros y el caso del bacalao



"La escena musical de Murcia era muy mod. No había muchos simpatizantes de Hello Cuca, ni del fanzine 'Miau!', pero nos daba igual; fuimos haciendo un montón de relaciones con gente de otros sitios. Cuando conocí a Alfonso Melero (batería de Hello Cuca) conectamos mucho hablando de 'El caso del bacalao', esa gran historieta de Mortadelo y Filemón. Soy muy fan de la escuela Bruguera. Después fui conociendo el cómic 'underground'. Julie Doucet me ha influido mucho a la hora de escribir letras. Alguien me preguntó cómo es que en 'Echo a correr' la moqueta y el ascensor hablan. Me quedé pensando que, inconscientemente, lo había imaginado así por los cómics de esta canadiense, en los que se dan ese tipo de situaciones. También leo cómics de ciencia ficción, influencia directa en 'Aloes de 50 metros', por ejemplo. De alguna manera, los tebeos me ayudaron a crear un lenguaje propio".

Ya decía yo que había una cierta sensibilidad compartida. Conste que no es la primera vez que lo digo aquí, pero me encantan sus canciones. Las de la murciana Lidia Damunt, entrevistada por Víctor Lenore en la revista Rockdelux, marzo 2014




(imágenes: Julie Doucet, My New York Diary (1999), fuente; F. Ibáñez, Mortadelo y Filemón: El caso del bacalao, 1970, fuente)




martes, 4 de marzo de 2014

resnais y el cómic

UNO On connaît la BD

DOS Su colaboración con Stan Lee:

Un artículo de 1972 que la explica con detalle

Más al respecto

Y TRES EL TESTAMENTO MÁS FIABLE DE NUESTRA CIVILIZACIÓN. En su documental sobre la Biblioteca Nacional de Francia, Toda la memoria del mundo (1956), Resnais va y casca este plano:






(Gracias por recomendarme el documental, Manolo)
(Imagen de arriba, Resnais visto por Floc'h)

domingo, 16 de febrero de 2014

hablemos de mí


Miguel Ángel Oeste me entrevista hoy en Diario Sur, con fotografía de Antonio Salas. Sí me gustaría reproducir aquí una pregunta que se ha quedado fuera finalmente, editada por razones de espacio: 

-¿Cómo ves el mundo del cómic en España? El éxito de Paco Roca, de Max, de David Rubín…
Sinceramente, creo que vivimos una nueva edad dorada del cómic español. En estos últimos años, y lo digo con la mayor objetividad que puedo, se han publicado algunas de las mejores obras de la historia del cómic español, sin nada que envidiar a nivel internacional. De algunos de los autores que citas y de otros.